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Un leproso en las afueras



cuando por desgracia amanece1



Monumento sin orgullo es el polvo del camino que,
ante el paso, aparta la cara,
monumento evanescente, que no permanece
en la engreída altura de un falso despertar

pasará su momento y despreciará tu pisada
como si fuera parte de un sueño o falso horizonte
o, quizá, un giro del viento, o una palabra escupida,
pues su boca está revenida de vivir,
como la muerte que sustenta la vida sobre su pecho

solo él dibuja el camino, sin querer,
pretendiendo nada, lánguidamente, solo
él, se amontona en la piel de la tierra y las fachadas
kennst du das land? 2
para nombrar en silencio
la mentira del tiempo y su piedra angular,
el milagro de una dignidad que ni cunde ni sucede

oh ceguera esquiva del polvo del camino, que niega
la fecundidad del poema,
dame tu mano y guíame contigo, dentro,
donde nada más reside la luna.

   —La forma solo es otra máscara del orgullo.

1 Del poema Los misteriosos sobrevivientes, de Leopoldo María Panero.
2 ¿Conoces la tierra? Del poema Mignon, de Johann Wolfgang von Goethe. Aunque esta frase me llega por la pintura de R. B. Kitaj que lleva por título ese verso.