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Perro de abril

en un mes de abril
en su centro único y dilatado,
oscuro e inquietante como un espejo
en un mes de abril de lo cotidiano

entre mis manos cae un rubor infantil
como un árbol
y animales que rugen contra el destino,
sugestivas imágenes de amor y odio

un ovillo de palabras sin fin ni hilo
desde lo lejos de mi boca
que no parece mi boca
caen,
nadie nos oye gritar como locos en celo
de locura,
solitariamente, hacia adentro

hundo mis dedos en leche
imitando el cansancio de los días,
no por hacerme entender sino
por ser ahí,
ser ahí donde no soy un hombre
sino un huerto que arde

la conciencia pura
de la alteridad del espejo,
de mirarse las manos como un asesino,
de sentir que restablezco
un orden primordial
—un caos lúdico—

más allá de las puertas y ventanas,
de las alcantarillas húmedas,
de mi cuerpo patas arriba,
está el poema
bailando sobre la tumba del día
agitándose como una polilla ciega

un perro ladra a la luna indolente,
—no hay más opciones—
y como todo lo fugaz,
su calma desaparición le deja mudo,
como ausente,
haciendo sombra en la página

la poesía es una alteridad,
una perversión de la conciencia
,
dijo el poeta,
una ofrenda al dios de uno mismo,
la verdad está en su centro
y centro
    no tiene

abandóname, anima mea,
pero no me abandones,
rodéame con tus piernas
y sacia mi lengua áspera de perro
sin voz
    ni presencia