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Palacio de Maco

—poética—

Donde yo vivo, siempre es un palacio1



Ni voz ni espuma en el jardín arruinado
sonidos sonaron azul secreto
botella de alcohol o viva moneda,
la perfección solo es la cadena rota
antes de morir
         el eco del silencio
gritó el nombre: ¡Maco!
y la luna cabalgaba el desierto
bajo el dictado de su soledad

  y perfecto era su aliento medrando
bajo mis pies
como una constelación de miedos y
húmedos golpes de flor
que en la noche no dejaban de susurrar

siempre hay una piedra, un mojón,
que, como la boca de cristo,
resucita al cadáver
       oh dios de los muertos
que atraviesa el bosque buscando presa,
un laberinto es tu lengua,
y la tentación       un palacio.


1 dice Max Estrella, en Luces de bohemia, de Valle-Inclán.
La voz maco me resonaba en la cabeza después de ver un modelo de una marca de bicicleta que así se llamaba. Me remitía al poema de ese título de Leopoldo María Panero. Según el DRAE, maco sería una voz de germanía (s. XVII) significando malo, bellaco o pícaro, y en argot soldadesco, cárcel o calabozo. Me atrapa su sonoridad. Debo usarla e intentar comprender.