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Miseria de la escritura

escribir como un señorito,
con la miseria delante de la cara
como el fotógrafo en la guerra del buitre y el niño
como si el cristal de los ojos fuera blindado
y el menester tan elevado
que la metralla ha sustituido al corazón
y la tinta ni mancha ni delata

escribir en este paseo burgués de la gran villa libre
pasarela de elegancia y seducción,
de soledad y voces ahogadas, de pasar sin razón,
no le he visto la cara,
llevaba dos maletas atadas con un esfuerzo que no era suyo,
un esfuerzo más grande que su cuerpo,
toda su vida está ahí, pensé,
¿porqué no usa las ruedas?, también,
de fondo o encima, una música sin alma
que las adolescentes cantan
mirándose en el espejo de la felicidad

el muchacho pasó,
siguió un camino que solo él conoce o improvisa,
quizá no estaba en mala situación
y a mí me lo pareció por el desgaste de todo,
por esa perfecta representación de llevar la vida a cuestas
que tantas veces he visto
que tantas veces he sentido,
que tanto pesa

somos cables que alguna vez formaron un tendido,
la electricidad nos unía y tensaba,
y ahora, ayer, mañana,
somos pelusas de la primavera
alborotadas por el viento de la tarde,
ese triste viento que anda perdido por la ciudad libre,
dejándose la frente en cada esquina

un azar de farolas, terrazas, sucedáneos de vida
nos reúne y nos separa,
y en el vértigo de esos encuentros,
muchos son expulsados por no hablar el idioma u oler diferente,
muchos no saben jugar o no comprenden
las estúpidas reglas de la sociedad libre
centrífuga

escucho las palabras de la gente que pasa,
y recuerdo el sonido ilegible de la busca obsesiva
de señales de radio de onda corta
en la infancia,
de arrastrar el dial e intentar discernir
una voz de otra,
ese mismo caos, y ese mismo placer
esa música sin orden, ese ruido blanco,
es paz,
porque no es nada
pero puede serlo todo

si nada fuera nada, este paseo tendría sentido
y las maletas pesadas
y las músicas adocenadas,
y hacer la foto al niño picoteado por el buitre,
y no mancharse con la tinta de las palabras
o escribir con señorito ademán,
si nada fuera nada
nada sería el alma
y nada podría ser,
y la libertad sería una gran estatua blanca
con la cabeza llena de mierda de gaviota,
o charrán