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La mirada es un infinito 1



el sol no brilla por el hombre2



La mirada es un infinito,
la magia de un abismo negro,
y dulce es la danza del asombro que la convoca.
De la misma manera,
las palabras son cadáveres exquisitos —léase
el poema—
esperando la mano de dios o su baba:
una patada en la hoguera y
extiéndanse las brasas, feraz lengua del fuego.

Los gestos confunden, a menudo,
la boca con el charco,
y chapotean como cerdos
       al no encontrar entre los hombres,
la pasión del verbo reflejada en el acto.

Y brotan como niños condenados
ojos que arden como el oro,
dejándose violar en el espejo oscuro que llaman
reino de españa.

            Nadie nos absolverá
del cielo y su caída en rostro de piedra,
de los frutos que, podridos,
mordisqueamos a diario como palomas,
de la tinta conque jugamos a morir en vano.

Sí, la mirada es un infinito,
     arrástrate bajo su inmaculada esfera,
ridículamente atado a tu boca, poeta,
ciudadano.


1 de Acerca del caso Dreyfuss sin Zola o la causalidad diabólica, de Leopoldo María Panero.
2 de Canción para una discoteca, del mismo autor.