Los barcos hundidos que te visitan
Angélica Liddell
ABSTRACT: para no morir,
quien nunca ardió, ternura por
morir invento.
para no morir
—morir viviendo en su vacío—
para no morir, insisto en mirar
(no sé si) dentro
—poco importa el lugar, quizá
lo más angustioso pueda ser lo
que no sea un lugar o centro—
para no morir, voy donde ellos
ídolos de piedra espalda al mar
quizá ceniza, o piedra de sal, y
leer en su lava con los dedos de
quien nunca ardió,
y ser solo un espectador que en
su vientre alucina, mirada y ser
cascajo, antinomia, eco seco de
un coco zarandeado por el sol
mismo, no hay maldad, siento
ternura por
lo que, así, acabó en desprecio,
víscera resentida en que leer el
futuro de ser humanidad, y no
solo allí, aquí, dentro, para no
morir invento
una fornicación o telar, en que
dejar de lado la vida —eso que
así llaman— para no morir en,
viviendo en el vacío del poema
—todo canto trascendiendo—