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Un hombre camina

un hombre camina y ve sus pies caminando
el agua se derrama, un agua sin voluntad,
se escucha un reloj, el tiempo se escarcha
y el deseo acabado renace de una brasa que nadie ve,
apaga la luz, la tierra, el fuego y el aire
—esta mano había olvidado ser—
contra el muro espera la noche, un muro de viscoelástica:
mírame a los ojos y cuéntame
la vida

el cielo es azul y no pasa nada, por él
su mano llega a mi hombro, por sorpresa,
como un coche eléctrico,
cae como el polen, y no termina de caer,
y dice: "no, yo no sé quién eres", y le comprendo,
a veces,
el pasado cabalga sobre el presente,
lo siento en el costado
pero al girarme no hay nadie,
nunca hay nadie más que yo a mi lado
la vida

es un acto mágico, un sortilegio comprar un libro,
iniciación chamánica
suma devoción, un país desconocido,
pero siento una inmensa tristeza
al mezclar el dinero en esto,
—prostitución—
yo quería sacar al libro de la calle,
del pantano teológico de la librería
y dormir con él
la vida

las palabras, la tarde, lo azul,
mirar con dulzura las páginas de alguien, de algo,
los días,
mirar un perro cruzando la calle
—alguna vez fue animal libre de hombre—
yo quisiera ser ese perro, sin raza ni collar blanco,
ese perro de la calle, ese perro de barrio,
—¿no lo soy?—
un perro de pueblo, de pueblo de España, ahorcado,
un perro de ciudad, astronauta, alienado,
recuerdo cómo me miraban sus ojos
–él había decidido mirarme—
parecía saber algo, y algo sabría,
la vida

un perro no escribe
al otro lado de la ventana, estaba yo mismo,
me quedé mirándome, estático,
silencio
deseando comprender
y no pude prever mi movimiento,
sonreí,
la vida

pienso que me queda por vivir, aún tengo asperezas,
tanta agua, tanto viento, tantos abrazos,
rencores, reproches, besos y trabajos,
tantos sueños,
no soy aún una piedra de río, tersa muerte,
quizá sí, un río de piedras,
la vida

el dolor eterno de dios debe ser esto:
la mano, la piedra, el libro y el perro,
todos cayendo
y yo con ellos
sobre este papel blanco
un día cualquiera, como el agua,
y podría no caer,
como el polen
eternizarme en la caída, eternizarme en la mirada,
suspender
la vida