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El pálido rostro de los vivos



los libros
nos reunían con la mano
a una revuelta para nada, al celo de una condena,
y la frente se consumía en el dulce fuego
de saber

como un raíl que no piensa,
lento es el hierro del camino
que la lluvia oxida con deferencia y no acaba,
lentos son los párpados de las pizarras
el grafiti de los ojos y
la fiesta pública de las almas

un rocío de gasolina, al amanecer,
atraerá las colillas de algún cadáver que espera
el nuevo sol
y aún no sabe que no vive

           y los libros entonces
se desharán poco a poco en los contenedores azules
como blanco pladur de obra derribado
ardiendo como inocentes pájaros de lucifer,
y la revuelta será un sueño más conque
se laven los muertos en
el pálido rostro de los vivos.