volver arriba
Volver a Textos

El brillo del poema



El señor Melancolía, el señor de la Luna,
altera el tiempo y la realidad,
y no se disculpa.
                Bajo la luz
verde y mortecina de un acuario,
toca con la punta de sus dedos helados
la nube suspendida en que apoyo mi cabeza,
y no se disculpa.

Solo aparece,
como un faro, en una sucia carretera oscura,
para escribir en mi nuca
el delirio del poema, la marca de la hermosa flor
que parece más real que la propia vida,
mientras sueño.

Lo leeré al despertar, y no me reconoceré en
su espejo,
lejos ya,
del Reino de la Medianoche.

Todos trabajamos para él, y no lo sabemos.
Dime tú, por favor, que sabes que es cierto, dime
que él es el Emperador del helado
y su ridícula huella en mi nuca, su emblema.

(Cuando haya llegado, sabré adónde voy, dijo alicaída,
Al fin y al cabo, no te he dicho nada que no sepas ya.)


Siguiendo la película I saw the tv glow, de Jane Schoenbrun.