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Eczema



Qué fue de tu reflejo
aquel día que lo desconociste, anónimo,
qué del humo azul de su boca
que edificaba la herida en el límite de tu olvido,
      quién sino un ángel medio muerto,
rodeándote amorosamente entre sus brazos
como estatua de mármol que acoge al invierno,
la sola piedra del poema
que en la barra del bar se mira las manos,
para cercar tus recuerdos

quién, enigma oscuro como el cielo, eczema que
danza sobre la página,
dejando un reguero de orina y lágrima,
justo antes de que arda su cuerpo,
               quién, mudez
de asombro del poeta,
adora en el espejo más el beso.

Vino luego la amenaza de la soledad,
con su fuego fatuo, o ceniza de niño, ante
el cadáver del reflejo, y dijo:
                miradme,
yo soy la vida que chirría en los trapecios.


sobrevolando Poesía Completa (1970-2000), de L. M. Panero, y especialmente su prefacio a Poemas del manicomio de Mondragón.