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Das Eismeer


Todos sospechosos,
todos difractantes,
enajenando en el perfil del otro, la
rabia o el dolor del espejo,
del lago helado a punto de romper
los bordes enmarcados
en el metal más duro y falso, y
al revés
ciego el pasado
placas flotantes, ingobernables y,
en la deriva de fuerzas inviables e
insensatas,
crujir de labios y
ceniza en la frente, y en los ojos,
la arena que el reloj va posando
dolor de huesos y, más allá de esto,
una fútil soledad de piedra
quebrada por el hielo.


Das eismeer: El mar de hielo, pintura de Caspar David Friedrich, de 1823.