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El cuerpo del poema

el aire se arrastra por la garganta
con la palabra en la saliva,
burbujea como un niño miedoso
el primer día en la piscina,
tragando cloro

el aire se arrastra como una serpiente
y se tumba sobre la lengua
como la maja desnuda en el diván rojo,
y la lengua lame entre sus piernas
la sal de la vida,
en el límite del pozo

en la boca del poema,
el mismo aire que esboza la risa
dibuja la palabra terrible,
pero antes de reír o decir
es la intuición del verbo
cuando apoyas la cabeza en la vía
y sabes que viene, que amenaza,
y no lo ves, y sonríes,
y piensas en la suerte de la moneda

mi boca está hueca como un cáliz sin vino,
como una escayola de dios,
y el aire la rebaña con la lengua
y creemos oír cosas
y necesitamos oír cosas,
las huellas de nuestros dedos en el espejo
nos parecen importantes

la palabra esquinada en el flujo de aire
excoria el sentido
tropieza con el sentido
con el sentido pelea,
y cae en la distancia,
escupitajo de un viejo
que abandona el barco de la demencia

sobre el papel la palabra se derrama
como una saliva negra, anaerobia,
mas
escucha el canto de los aerosoles,
la turbiedad de su ruido blanco,
su voz y su presencia,
y no busques su sentido,
este es el cuerpo del poema