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Cantos



L'hymne des coeurs spirituels1



Sobre el lago, vio un mundo sumergido,
acaso un nombre,
manchado de jazmín en su finísimo canto.
          Caía sobre la superficie
una ausencia llena de héroes,
una niebla brillante
como voces del pasado que conviene
no olvidar.

La noche descendió pronto,
todo era un peso de plumas y aceros,
ángeles moribundos,
         y las palabras perdían su
sentido,
temiendo ser advertidas y
voceadas por las bestias.

En la lejanía, donde el lago no alcanzaba,
el viento llevaba cantos del vapor y el tiemblo
que al hombre hacían pensar en un dios.
         Conocían esa emanación,
esas voces y cantos,
y adoraban su misterio mas que la vida y
sus gentes.

La imaginación aún no había sido descubierta
y, en el eco de la cueva,
la respiración era un animal más,
refugiado en la piedra que humedecía.

Oh boca del antro,
siempre abierta al fantasma y la muerte,
que el espíritu de la noche babee en tu frente
la astucia de la magia, y el poema.


siguiendo Poesía Completa (1970-2000), de Leopoldo María Panero.
1 de Prose, de Stéphane Mallarmé.