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Aparente contorno o limbo



Anduvimos hacia aquella luz,
noche tras noche,
   destruyendo libros como polillas ciegas

anduvimos       en la ingrata beatitud
del sueño, descubriendo en la tierra
la presencia de una línea de sombra,
de una máscara o de un reflejo,
vástagos del deseo que escarnecen al hombre.

En la humedad del enigma
caminamos, y sentimos aquel látigo de luz en
el rostro,
casi un dios de feria
que no aparta la mirada de nuestros genitales,
y formula la pregunta, goteando:
¿quién me matará mañana, mostrándome,
      en su magia negra sobre blanco?

Otra cara en el espejo, y un beso
como un disparo, velado por la lluvia:
         dentro de nuestra alma,
la sangre no fluía, y la luna
era aún más pálida sobre la mano.

Imploramos, entonces, la cópula de la luz,
como un fantasma a quien dedicarle el poema,
como huesos que apuntalen nuestra alma.

         Nosotros, todos nosotros,
en la soledad de una noche cualquiera,
perdemos la palabra en el temblor de su lenta
caída
  como una figura más del discurso, tras su
encendimiento.