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Las alas inútiles

de la mano, contraído
miedo a perderse en sí mismo
colérico espejo, irrompible
falso profeta,
puerta falsa

de la mano caída, precipitada
en la red de la página
en el río contaminado de narcisos,
el discurso se agita
como un sueño de espuma

la lengua arropa al personaje
cansado entre sus muslos,
con sus alas negras, inútiles,
y su corona de plástico,
—no hay error más profundo
ni placer más elevado—

hackeo el sistema con zinc
y el tiempo cambia de sentido,
—aquellos que caen saben esta oscilación—
sobre la página donde flota la letra
y la lengua y la boca se escarchan

síndrome de melancolía y urgencia,
soledad de los pasajes comerciales
en la garganta,
como úteros abandonados, amarillos,
como lenguas muertas y secas
donde no circula el aire ni el eco
y la palabra no encuentra su rincón

la palabra que quiere ser cierta,
que se retuerce bajo la rodilla
sin pronunciarse apenas, sin tiempo,
sin rumbo,
su aliento corre por los pasillos deshabitados
de mi cabeza

la mano escribe, como la lluvia,
sobre la pared vieja del día
donde se agrieta, donde se disuelve,
entre palabras, lengua y vida,
la ansiedad paradójica del poema
su aliento sin aliento
su mancha sin firma
su saliva