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la voz es un vómito

parecían más verdaderas y cálidas
las palabras musitadas
en el banco de madera, en la plaza
de ese pueblo deshabitado
donde tan bien descansa el frío

caminar es semejante a hablar,
pero la voz es un vómito
a los pies del ser,
un vómito incomprensible,
como la sangre o el esperma,
que solo se representa a sí mismo
y que pisamos en cada paso
borrando nuestra cara

me abraza el frío con sus raíces
en este banco de madera,
y las palabras salen
del agujero de mi cabeza, que bulle
como el tambor de una lavadora,
mi cráneo es una cueva
pero la voz es un vómito
que camina alegre silbando,
mirándose orgullosa en los charcos
que dejó la tormenta de ayer

la luz azul de la mañana
quema las palabras
que arroja mi voz
como hielo a la mano
y antes de llegar al suelo, se funden
a 5 kilómetros de altura,
se evaporan,
creando un anillo de olvido
y una falsa sensación de paz,
qué clara se ve entonces su inutilidad

cruzan unas con otras las palabras
como puntos de costura en tensión
y el aire se aprieta a mi cuerpo,
desde mis oídos,
en el banco de la plaza
donde estamos siempre solos con las palabras,
calentados por ellas,
compartiendo la boca y el aire
con su voz,
y aunque intentemos alejarnos
de nosotros mismos,
ellas nos envuelven como un espejo frío
y nos hablan de tú

no sé qué cruje bajo mis pies,
cada pisada es un canto,
un encendido rumor sin forma,
y en el silencio de la voz al caminar
hay una renuncia al poder,
una decisión de muerte,
de anulación y
de fusión
con los cardos y los girasoles

en el silencio de la voz soy libre
como una piedra o
una hoja que, sin saber, crece
en el extremo de la rama,
rodeada del aire azul y frío de la mañana
limpio como la muerte,
pulido como un poema o
un cuchillo antes de hendir
la carne

qué difícil es callar al pensamiento,
esta es la prueba y la rendición,
la voz es un vómito
que rinde la verdad