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Tierra de hombres

—a Juan de Yepes—

tú no eres santo
tú no eres un hombre
tú eres un animal lúcido
que sufre como las estrellas viejas
tú eres un puerco que se revuelca en su mierda

caminaste por la nieve tantas veces
hacia el castigo de los hombres
que esa tierra tiene tu nombre
y donde no pisaste no crece la hierba

tú eres una idea, una luz, un sueño,
un pesar
el caminar ciego del murciélago
que se orienta por las tripas
el exceso en que la palabra supera al cuerpo
en que la palabra es un látigo de placer

los sentidos son tan ridículos
un animal como tú los desborda
y el hombre se asusta
teme por su poder

tú no eres un santo
tú solo has muerto en los libros del hombre
en su boca
en la jaula donde el hombre coloca el espíritu
tú eres un olor insano
una llama que abrasaría el mundo
si quedara algo por quemar

vuela hermano,
y desde la altura del cuervo
enséñame a mirar donde no se mira
enséñame a meter la mano en el fuego
a caer con alegría en el lodo
a ser un puerco en esta tierra de hombres