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La piel de los ojos

Texto para The private collection

Pero más.

Los sueños se alimentan de nuestros actos diarios, y tómese acto como la piel sensual del día: sacar la miga del pan con el dedo, deslizar la mano por la barandilla o pisar una baldosa floja y húmeda. El inconsciente inventó el collage para decirnos, para que nuestro deseo tome cuerpo, exprese su angustia.

Es por eso que la reunión de las miradas fijas, de los embelesamientos, de los grandes ojos redondos, forma un mapa: las muescas que el día, cualquiera, dejó en nuestra piel más profunda, la que nadie acaricia, la que puede asustar o repugnar.

Este mapa del tesoro se compone, así, de piezas –¿habitaciones?– cuando se desdobla, cuando se exhibe a pleno sol después de languidecer bajo el colchón de la medianía. Yo encontré el mapa y tenía escrito en su reverso lo siguiente:

"Esto es la aventura, el error de dirección, el sueño del verano y la uña sucia. Porque quieres el azar del encuentro estás aquí. Porque temes lo mejor, los reflejos oscuros del corazón, los espejos rotos y la sangre blanca.

Te diré que la mujer-pez existe, que huele y pincha, que no es una sirena varada, que herirá tus ojos de piedra. Recórrela con tus manos y excrementos -mierdas- como la primera vez, cuando aún no sabías.

Desdobladas, ellas, desplegados, los labios, la saliva cae; y en la pantalla interior de tus ojos, las manos que tiemblan como el alcohol, cesan de moverse hasta el siguiente pliegue del mapa, el valle traidor que te repite.

De noche, confía en el ojo del gato para ver como ella pone el culo en la taza. Araña, no podrás acercarte. Déjate mirar por su coño felino, que te penetre –¿buscaste ya penetrar en el diccionario?–, que te escupa, que ensucie tu carné de baile."

(Recuerdo ahora el dedo pringado de flujo –el fango blanco de los ojos tristes–, la uña límpia para siempre, mi alimento para los peores días. Recuerdo como entraba y salía y olía cada vez que...)

"...ya. El culo lleno de leche del plato hondo, como el cante, las palabras de la diosa de la fertilidad... de mi mente, colorantes naturales e impuestos impagables. ¿Cuántos gramos aumentan tus pezones cuando ereccionan?

Saltan fuera del plato de huevos con soja, reventando las yemas; provocan eco, dos, desfasados, y apuro para ver bien en el agua del río, el gato que huye nadando..., pero eres tú quien huye cuando miras el número de la página, impaciente.

El pene de Colón te señala el camino negro de tierra podrida, fértil, peligrosa. Una vez depilada la maleza, tierra afeitada y brillante, la superficie no te conforma –¿buscaste ya conformar en el diccionario?

Hurgas, hurgáis, hurgamos todos buscando el sentido, dirección o dios encondido en el follaje; pero escucha, escucha los chop-chops de su hormiguero, la baba negra, el crepitar de su cálido fuego.

No, no planches el mapa, no tiene remedio, no es plano. Cuando lo miras solo entras en una habitación. No tires tabiques, retrégate por las paredes, fóllate las cerraduras.

Un mapa para Alicia, lleno de conejos rojos, con prisa corren, más rápido que tú, arañándose en el bosque, mirándote entre las piedras, cegando los anos del tiempo. Todo es gloria a estas alturas.

Encoge ese dedo, dóblalo aunque duela, porque si gritas de pasión serás descubierto por el eco en esta playa de piedra dulce y erosionada melandolía.

Camina con el color de rostro de los conejos que no pudiste comprender. Camina descalzo si quieres, pero siguiendo el mapa. Refresca tus callos en el felpudo del cielo, el mismo que usa dios. Frota suave y escucha el vello crepitar. Pero, ¡dobla ese dedo, que lo pierdes! El pantano es peligroso, un agujero negro, sin gravedad dicen. No lo conocen. Es grave por dentro y agudo por fuera. Palmotéalo –plas,...plas–, recibe en tu mano la profundidad de su noche, su escarcha caliente.

Resbala en las rocas que no puedes escalar, la altura que se te escapa y YA, ¡grita, por tu madre!, ¡grita el nombre de tu creador tres veces!... mientras revientas tu mundo a aldabonazos de sémen............. ......... ....... .... ..

El ángel eres tú entre sus piernas, entre sus ojos, y a berridos anuncias la buena nueva, la única, la misma.

Por fín has comprendido y una sinfonía de grises deslumbra tu delirio. No encuentras las palabras y te falta el alimento. Chupa pues, chupa su coño veneciano, inundado y germinal, mientras ella rodea el mundo con dos brazos que atraviesan tabiques blandos.

Estás en casa sin saberlo. Has doblado la última esquina del mapa y en las manos, ahora que solo eres, resta un oceánico olor a sirena corrompida y esencial. ¿Comprendes?

Vives en el laberinto del deseo, atado a él. Te reconoces en cada una de sus paredes, en la voz que corre por los pasillos, en la cálida huella de la mano de una vez anterior o posterior.

Acabáste el viaje tan solo para volver a empezar. El monstruo aniquilado hará su réplica, se reflejará hasta el infinito, eres tú. La sangre derramada, el incienso diluído en el aire, la profunda otredad del espejo... todo te nombra.

No, es verdad. No hay tesoro del final, porque el final no existe. El tesoro es la aventura, la persecución del fantasma, no su sábana, el aroma sin bordes del desvarío."

Tengo que dejar de escribir, el flujo y el sémen hacen la pluma resbaladiza y caeré al suelo.