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El perro del pensamiento

el pensamiento no dejaba de girar
en la rueda esclava del tourbillon1,
y en esa oración, en ese giro demente,
el pensamiento se hizo carne
apariencia de verdad
revelación de un misterio que no era tal

la palabra es una demanda
un pasmo entre dos segundos,
obra dentro del lenguaje
como una pala que en la tierra se clava
y levanta gusanos, raíces y dioses,
la comunidad originaria

el pensamiento se hace poema
y solo espera la lluvia que lo desborde,
la única verdad es el zumbido de sus alas
el sonido de la madera al final de la cuerda
el cuerpo que se desploma frente a la hoguera
y se pierde como un niño en la plaza

el poema es un perro hambriento
enloquecido en la esquina de la ciudad,
su gran boca amarilla late2 sin que nadie le entienda,
ese perro es una advocación del pensamiento
es un cantor que libera el alma encerrada
como un pedo, un tiro en la sien o un beso

Canis, magnificat anima mea3,
que deje de ser hombre y sea solo poema,
lengua que lame los pasos en la acera y el asfalto
piel que se arrastra abandonada en la arena,
libérame perro
para ser solo palabra, saliva seca

1 tourbillon: mecanismo de relojería en forma de jaula que equilibra las piezas más importantes de la maquinaria para compensar las desviaciones producidas por los continuos movimientos y cambios de posición del reloj.
2 latir: ladrido entrecortado del perro cuando ve o sigue la caza, o cuando sufre algún dolor repentino.
3 canis, magnificat anima mea: perro, engrandece mi alma. Versión de “magnificat anima mea, dominum”