Mille sépulcres pour y vierge disparaître.1
y el rostro, aún convulso y obcecado,
enseña a la joven, como una utopía,
que siempre el deseo es nada,
que asomada en
su boca
una lluvia de insectos
bajo la cúpula del cielo y entre sus manos,
un agua trémula ofrece, como vinagre y caída
iluminó su rostro una belleza perdida
una estatua de sal nívea en la selva,
y en la humedad del suspiro,
calmo como el opio que endulza el miedo,
escuchó los lamentos del falo autoritario.
oh labios sonrosados
oh boca de la mentira,
qué lejos el tiempo de la plata volcada en tinta,
de la penumbra y la blasfemia pasadas,
qué lejos el nombre que aullaba sobre la página
como agua pérfida de glaciares, que
en su derrota, el sueño no es más que ceniza.
1 muchísimas tumbas en las que, virgen, desaparecer. Del poema de Mallarmé, El payaso castigado (1885).