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Misa de Resurrección

—Tensó—

vencer la muerte
vivir la eternidad de la memoria
tomar la palabra y decir,
ungido por un dios que cuelga de un árbol,
mi nombre,
la gracia del lenguaje se posa en mí,
de entre los muertos
resucita en el nombre la vida,
en el vano nombre

los ciudadanos aseados
cantan como esclavos su alegría y su gozo
en una fiesta fría que arde en las velas,
celebran la propiedad privada
la libertad de poner precio a tu vida
de matarte en ofrenda
ante el omnipotente Dios del Trabajo,
oh Moloch,
la piedra angular desechada por el arquitecto
es tu pila bautismal

las piernas juntas mientras canta,
levadura, masa, pan ácimo de la madre,
inmolación de la dignidad sobre las tablas,
en el teatro cínico del drama católico,
en sus desfiles de moda eclesiástica,
de muñecos y tamborileros
con su camisita y su canesú

mármol reluciente
máscaras de sobriedad
marca España que huele a vinagre
sudario, mortaja, látigo y torrija,
la muerte en ti no manda
la muerte eres tú,
yo veo tus nalgas temblar al cantar aleluyas
aprietas el culo, retienes fluidos,
el señor encima de la señora
se dejaba ir,
misionero del falo duro del alma
cáliz del semen
santo evangelio en el sepulcro
piedra corrida,
hágase en ti según empujo
palabra, palabra y más palabras
en el Libro de Oro
santificando el valor de cambio

hermanos de un alcalde retrasado,
fuerza viva sobre los muertos explotados,
valores intemporales
hazañas bélicas,
sí a la vida,
del capital
del dios hecho hombre, de sus ahorritos,
contra la mujer y el niño
en el cántico vacío de una cueva neogótica

quiero beber tu sangre, señor,
como tú se la chupaste a mis padres
y a ese hombre colgado, sangrante,
ese hermoso cuerpo de hombre desnudo
esa carne del deseo, ese animal de follar,
somos hermanos,
las miserias humanas sobre el frío mármol
sin nombre
y la losa quitada al amanecer,
Drácula no soportará la primera luz del sol

no soy un cadáver,
soy el sepulcro, el contenedor,
el cubo de mi alma después de fregar
invadido por la fuerza,
no existe la muerte
no existe la vida
tú no existes
tan solo has sido nombrado
por la palabra del Libro de Oro,
eres hijo del semen negro, en serif, roman,
serpiente de una creación maldita,
gracia que un día entró en la vena

—vio y creyó—, dice Míster Espíritu,
ciego de inmundicia e hipocresía
devorador de todo lo sagrado
violador de niños y tiempo,
Saturno infame,
yo me arrastro por el mármol como la lejía y el hambre,
transparente,
y entro en el camino del resucitado

yo soy la vereda, el barreño,
arrástrate en mí según mi palabra
araña tu cuerpo en mis piedras,
que mi antífona te moje y te preñe,
oh Reyina Cheli,
Frankenstein pondrá su mano blanca sobre tu hombro
y te dirá hermano
y te sonreirá como un niño
y repetirá tu canto,
luego tú, le quemarás vivo en el molino
y escucharás sus gritos inhumanos
y te regocijarás en mí
en una misa con cáliz de oro y balas de plata

el hombre nuevo ya está aquí,
lleno de gracia,
cabeza de la nueva humanidad
que entra alegre en el camino oscuro del alma,
regocijáos