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Godzilla en el Madrid de los Austrias

—a Georges Ribemont-Dessaignes—

¿qué cara ponéis en la oscuridad
ante vuestro desecho,
ante vuestro hermano muerto,
bajo las sábanas de una utilidad que no os perdona?
hermosos vocablos los vuestros, libertad, prosperidad, familia,
ah, qué hermosas vuestras empresas repugnantes,
vuestras conquistas heroicas y viciosas
¡por lo bello, por el bien, por la paz y la libertad!
por un dios que no existe sino
en vuestra debilidad
a este lado del espejo sucio de vuestra retina,
con el papel de doble capa liado en la mano,
vuestro desecho agoniza en el agua potable
como vuestra idea del bien
o vuestra moral de ciudadanos libres y aseados

no hay nada que preservar, hermanos,
vuestra esperanza es nada,
vuestra patria es nada,
vuestro héroe o vuestra bandera es nada,
vuestra religión y vuestra ley es nada,
vuestro arte es nada, lo dijo Picabia

¿qué cara ponéis en la oscuridad de vuestros vapores cada día,
en el aparato embarazoso de los gabinetes?
decidme, ciudadanos,
¿no queréis morir como excrementos?
¿a qué viene esa repugnancia, ese miedo, esa risa floja
ante vuestra propia basura, ante vuestro ser,
si no es más que vuestro espejo,
vuestro hijo, plusvalía y salvación?

sigo cavando este pozo negro de palabras en acción,
revolcándome en la inmundicia de mi cuerpo al revés,
construyendo este Escorial de mi alma,
una jaula regia para ese gas que llamamos libertad,
c'est joli, n'est-ce pas?