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Desesperados gestos



a Leopoldo María Panero


Para existir en algún lugar, desesperadamente,
lejos de la cartilla de la vida tutelada,
      para existir como un jabalí que huele mal
y desenterrar, con el hocico de la voz
el azúcar de lo vivo a medio disolver
               lejos de la academia
y el consejo de univ ersidad,
hecho uno con la pútrida materia de la vida
consciente ecología del dispendio
del terrible término de la biografía.

       Terrible la sumisión y el juicio burgués,
terrible la montería de las gratificaciones
lejos de toda dignidad, los premios y coronaciones
de las bocas que expían en non sancta cátedra
el arbitrio de una moral.
             Podréis cantar très belle,
pero no dejáis de ser
legítimos hijos de Calíope1, laureados,      y él,
quizá un marginal a su pesar, quizá un sirénido varado,
tiene aún en su lengua la ceniza de los días y el magma
de las noches,
el aliento cejo2 de su urgencia
y el mal de sentir poesía en el país de los conejos.

Escribir, por tanto, para eso,
            para habitar en algún lugar,
gestos desesperados para existir —al menos— en la escritura3.

1 Calíope: musa griega de la poesía que corona con laureles a los poetas. Hija de Zeus y Mnemosine.
2 cejo: niebla que suele levantarse sobre los ríos y arroyos después de salir el sol. desus. ceño, en señal de enfado.
3 A raíz de este comentario, Algunos hacen desde la vida gestos desesperados para existir en la escritura, de Valente que me llevó a sendos artículos que este y Carnero escribieron contra Leopoldo María Panero en 1980. (En Prosas Encontradas, de L. M. Panero. Ed. Fernando Antón).