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La brisa azul

desnudo en mitad del bosque
un ojo aparece en los árboles girando
y la brisa acaricia su luz azul,
me adentro entre las sombras arrojadas
de las hierbas e insectos
como una muñeca lejos de una niña,
acorralada, sola y expuesta

soy una criatura habitualmente perdida
entre el ojo y la mirada,
una criatura metamorfoseada en perro
silencioso bajo el crujido de las ramas
y apenas pisando el suelo temo

la inverosímil obscenidad de mi sexo
se superpone a la de los hongos
manoseados por la brisa azul de la tarde
y siento caer sobre mis hombros
sus lánguidas esporas

abierto como una yegua
al semen de la naturaleza, a su luz
y a su olor a sexo podrido,
hablo de tú a la mala hierba
y oigo el sufrimiento de los pájaros
¿edén? ¿qué edén!
exterminio e inconsciencia es el nombre de este paraje,
me dicen

la distancia de la mirada ha desaparecido
y el tacto es transversal como el agua de lluvia,
al suelo he caído, al susurro de sus manos
y he penetrado su madriguera con la verga,
las lombrices asustadas,
este nuevo territorio para su nombre
que es mi cuerpo desposeído
es rápidamente colonizado por sus dedos
y entre convulsiones me dejo ir,
yendo

el invierno acecha en la sombra azul de las flores
y mi gemido convoluciona en las alas de un colibrí,
la mirada del otro enmascara mis ojos
y soy pasto de mi mismo,
la distancia desaparece,
es ahora o nunca, es lo mismo,
¿para qué seguir hablando?