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La edad de oro –Lya restaurada

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LA EDAD DE ORO –LYA RESTAURADA

Oh Lya, yo te sueño
toda la tarde toda la vida
cuando estalla
lo que dura embadurnarse de barro
y las nubes revolviendo tu pelo
al son de los cencerros y tambores
tú en un círculo encerrada
en mi ojo negro maldito
agujero negro de la imaginación

Oh Lya, sentada
en el círculo frío del plástico
la fuerza de la visión quema las palabras
y los pedestales de mármol naufragan
en la lava del pasado
en la ciénaga del presente
en la mierda del futuro
contra la rectitud de los baldosines blancos

Oh Lya, suspendida
contra el espejo de mi retina
como el papel que arde sin prisa
transparente como tus bragas
veo caer mi leche amarga
y las filtraciones de la humedad
corren por tus tobillos
atados a la moda
tú animal inexplorado
tú bestia magnífica

Oh Lya, arrebatada
entornas los ojos del esfuerzo
bajo tus manos de secretaria
mientras la hierba crece
en el rodapié de cada día
y en el encaje de tu vestido mueren las moscas
y las arañas
y yo que aún te sueño
revolcándome en el barro
de tu imagen vivo
sobre la tierra negra de la revuelta

Poseído por el espíritu de Gaston Modot, el protagonista masculino de La edad de Oro, de Luis Buñuel, hablo por su boca y escribo por sus manos en la frontera del cine mudo y el sonoro. Atrapado en una vulgar sociedad de políticos, curas, militares y futbolistas, Gaston, sin cerrar los ojos, tiene la visión. Y no es un carro de fuego, ni una virgen ni una utopía. Es el Deseo arrebatándole la cordura, haciendo de él un verdadero ser humano que muere en cada corrida.