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en la habitación transfigurada

I close my eyes. Then I drift away into the magic night 1
              Roy Orbison



cierro los ojos y me dejo llevar
al final del túnel no hay luz,
camino por el pasillo a tientas
resbalando las manos en las paredes,
ebrio o dormido,
entro a un Río Profundo por una escalera

voy a ver algo que está oculto,
un misterio,
como soñar despierto o dormir en alcohol,
pero solo veo una pantalla
donde vive una mujer que no existe,
al fondo de un pasillo macilento,
las manos resbalan por la pared
y una luz roja ilumina su boca

en la puerta entreabierta, ella aparece:
—¿ves ese reloj? —me dice,
mirándome a unos ojos que no tengo—,
faltan fotogramas que ardieron.
¡La imagen que arde es la más hermosa!
¿no crees?
—y cierra la puerta, lenta, en tres pasos


     —This is it

Slow Club.
cuernos de animal presiden la entrada,
el animal aún no ha llegado,
y en su escenario
las cortinas rojas se mueven con el aire,
lentamente,
como la sangre del cordero en el barreño,
y los momentos se solapan
o saltan como si tuvieran cinco años,
porque el tiempo es del sueño
en el teatro de esta ciudad
que duerme de día y sueña de noche,
y nadie aparece de verdad
hasta que oscurece

en sus calles borrosas,
en sus esquinas,
ensueño
que hablo contigo, mujer que no existe,
camino contigo,
tú estás en la pantalla
con tu bata azul y tus labios rojos girando
en una habitación que
no puede ser más que un sueño,
porque la muerte vive allí,
bajo el sofá
junto a las pelusas y los restos de comida,
la boca se cierra

la puerta se abre
y veo a cada uno en su papel:
el animal que llega, sin cuernos,
la mujer transfigurada, simbólica,
y el hombre que mira
a través de la rejilla
del armario desnudo de su piel

y veo a la mujer, corneada por la palabra,
dibujar su figura en la alfombra
con el dedo,
desordenando levemente el pelo,
mientras el animal brama y
recita bramando un poema de juventud
dedicado a su madre

solo veo líneas amarillas,
una detrás de otra en un círculo de luz,
solo veo correr la lija que come el tiempo,
solo hierros abandonados y barro,
y mi sangre
y la luz del amanecer,
y la ausencia de esa mujer que no existe

estoy sin estar, sentado en la cama
y una bolsa cubre mi cabeza,
he tocado el iris de la pantalla
y los labios de esa mujer,
he visto entreabierta su bata y
no había nadie dentro,
y he quemado mis dedos,
he quemado mis dedos en su piel,
aunque olvidé mis manos en el barro
en una noche que ardía como el fotograma,
como la silueta de la mujer en la alfombra,
después de dibujarla
bajo la luz lánguida y cobarde de mis ojos,
lejos de mis manos y mi recuerdo
en una bruma de pantano
o de alcohol

puede que la persona siga viva
bajo toneladas de madera,
que duerma de día y sueñe de noche
en el túnel que sigue a oscuras, como la ciudad,
muerta bajo un batido de fresa,
bajo toneladas de madera,
y yo, he restregado mi cara en sus paredes
para salir de esta habitación transfigurada,
abro los ojos cerrados al sueño,
tengo un arañazo en la cara

para ver, no es necesario saber nada,
salvo cómo ver, dijo Wols

1 Fragmento de la canción In dreams, de Roy Orbison. Uno de los leitmotivs de la película Terciopelo Azul, de David Lynch.

La imagen muestra el apartamento de Dorothy Vallens, una de los personajes de la misma película. No es un fotograma, no existe tal imagen en la película, sino un montaje de planos para "reconstruir" el apartamento. El punto de vista es, aproximadamente, el del otro protagonista mirando por la rendija del armario en que está encerrado, desnudo.