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Esa cabeza

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ESA CABEZA


estoy mirando esa cabeza,
esa cabeza blanca bajo el sol potente,
un sol que abrasa la memoria
y te coloca en el presente, más incluso,
en el ahora,
en el momento justo en que ya no eres,
esa cabeza es hermosa como el sol

no quiere, no puede abrir los ojos blancos,
ojos blancos que no esconden maldad,
ojos ciegos sumisos al sol,
ojos inútiles que rezan la noche,
la noche que se pierde en el tiempo

esa cabeza está viva, yo no,
ni yo ni todos los demás que la rodean y miran,
porque esa cabeza contiene el tiempo
y el tiempo es mujer,
sólo hay paz en esa cabeza que duerme el día
con el silencio de su voz

estoy tentado de besar su cuello blanco,
de quemarme en su cuello blanco
y resucitar, sereno, vuelto del revés,
pulido como una piedra de río,
lo beso con la mirada y el aliento de un perro solo

podría pasar horas mirando esa cabeza,
mirando esa cabeza que no mira,
esa cabeza blanca sin nombre,
esa cabeza perdida en el ruido de la ciudad
que yo confundo con el mar
en esta plaza

la serenidad blanca de esa cabeza
sólo es visible por el sol,
el sol le da forma y color,
el sol se mira en su cara ciega
que le devuelve su reflejo,
el sol se acuesta en sus labios cada noche

¿y yo?
nada le pido a esa cabeza,
a esa cara y a esos ojos ciegos,
si acaso,
un beso en el cuello, cuando llegue la noche,
si acaso, tiempo,
tiempo para comprender su serenidad
y verme reflejado en ella como el sol
y dejar de mirar con los ojos,
y arder lentamente,
tan lentamente que nadie lo pueda ver,
ni siquiera yo