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Yo estoy donde no se viaja

YO ESTOY DONDE NO SE VIAJA

yo estoy donde no se viaja
entre las ramas y las hojas
sin disgusto
la luz de la luna se refleja
en lo que debió ser mi cara
y solo el viento me mueve,
ligeramente,
y aún así,
el tiempo no existe

aquí vine por tus palabras
en la práctica de un conjuro
y como en un espejo oscuro
no me reconozco;
parece que aquí nada es importante
solo se está o se es
y ni siquiera hay recuerdos de muertes pasadas
ni escalofríos ni hambre,
solo luces pasajeras
batir de alas jóvenes y voces de animal

estoy donde no se ve
en el preciso instante de un parpadeo
no comprendo esta desnudez
de rostro indiferente
ni esta voz que asciende como la savia
para nombrarte

quizá no soy yo
y el conjuro sea tu mano
arrastrándose por mis dedos,
quizá soy tu sombra chinesca
o tu esperma seco,
quizá no soy nada
y la sola intuición de tu agonía
me da a luz
entre las hojas y las ramas
muerto de una risa amarga
concentrado como el hielo

¿qué tengo que decir
si ni siquiera a mi mismo me entiendo!
en tu nombre escribo
sobre tu nombre
suspendido en este orgasmo vegetal
en este alfabeto de limbos
quieto como una raíz
transformando palabras en hojas
en la aparente quietud de una fotografía
en que la niebla se mueve

aquí vine por tus palabras...
Este poema está dedicado a Leopoldo María Panero. El título está basado en palabras suyas –...la tierra donde solo se está, donde no se viaja– no de un poema, sino de una necrológica a otro poeta publicada en el diario Pueblo. Su vinculación de poesía y muerte más el recuerdo de la imagen que acompaña este poema –fotografía nocturna con flash de los árboles– que me vinculaba sin remedio a otro recuerdo: el de la visión de la película Tropical Malady, de su segunda parte... Todo se mezcla sin comprender nada, mas la admiración no tiene voluntad, y quiere, en un gran abrazo, abarcarlo todo.