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Texto para Chandigarh

Chandigarh tiene una planta reticular basada en bloques constructivos generados a partir de temas y motivos improvisados y rectificados. La repetición variada y mezclada de esos temas y motivos, crea tres bloques mayores o secciones que responden a otros tantos conceptos:

bloque 1 AZARA: tranquilidad, interior.
bloque 2 LOGICA: neutralidad (Azara+Aérea).
bloque 3 AÉREA: agitación, exterior.

Cada uno de los extremos contiene a su contrario, utilizándolo, incluso, en su propio provecho, es decir, adaptándolo a su ritmo para mejor subrayarse. Esta misma idea de complementariedad es la base de todo el trabajo: azar más construcción y viceversa.

El problema, en cualquier caso, me parece el respeto del azar. Porque podemos “azarar” la construcción, minarla, añadirle caos, pero no podemos construir el azar, Chandigarh es azar construído, en cuanto rectificado o desarrollado a partir de:

> La estructura en ecos, basada en la repetición de un tema variado tímbricamente.

> La alternancia de ritmos: unos claros y monótonos, quizá geométricos, según un presupuesto de sucesión estática, y otros oscuros, cuasi-jazzísticos, diseminación controlada.

> La politextura percutiva de amplísima dinámica, tan pronto trabajando bajo la melodía como constituyéndola; casi siempre en la frontera, fondo y forma.

> La fisicidad de los timbres para una experiencia táctil de la música, más allá de relaciones verticales y horizontales, el sonido en sí mismo.

> La definición de bloques yuxtapuestos que se deshacen hasta la unidad mínima o se funden en encadenado con el siguiente.

> La importancia de esa unidad mínima que, conceptualmente, ya contiene todo; su valor de enlace.

Basicamente azar, Chandigarh es una reunión de momentos alejados del pensamiento, esos momentos rápidos y transparentes que, a veces, se nos escapan.

Diría que el trabajo es lo de menos; que todo estaba en tí antes de pensarte, incluso.